Encontrando el “punto de partida”

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Las oportunidades para el aprendizaje nunca han sido tan amplias y accesibles como hoy en día. La era digital abre la oportunidad de conocer y aprender a cualquier persona en cualquier campo, ya sea académico, artístico o cualquier otra especialidad.

Todo lo que uno desea aprender está a la distancia de sus dedos y a cargo de expertos de respeto, de clase mundial. Incluso, la dificultad actual es elegir el paquete apropiado para uno mismo entre tanta oferta. Es una oferta abrumadora que sobrepasa nuestra capacidad de concebirla. Claramente, se requiere de encontrar un camino, un punto de partida, para navegar en ella.

Algunos temas de discusión sobre la educación y la metodología quedarán desfasados si realmente entramos y aprovechamos las oportunidades del mundo digital. Aspectos polémicos como el rol central del docente o el conflicto entre contenidos y procesos, tenderán a disiparse ante la magnitud y diversidad de posibilidades de aprendizaje.

¿Cómo es entonces que no hemos aprovechado plenamente lo que ofrece la era digital? ¿Y cómo podemos encontrar el punto de partida?

A partir de la observación de la labor de enseñanza en el Centro Escolar Amún Shéa, en Morazán, sostengo que el proceso de enseñanza y aprendizaje actual en general se rige por la “imitación”. Muchos docentes no enseñan a partir de su conocimiento de las materias, sino que reproducen el estilo y método de los docentes que tuvieron en su propio proceso educativo. Esta falta de comprensión se replica en los estudiantes, ciclo tras ciclo, y luego se irradia a todos los ámbitos de la sociedad, donde la norma vuelve un juego de ofrecer la respuesta correcta, sin mayor conocimiento real del tema.

Este mismo fenómeno se observa a diario, aun fuera de la escuela. En mi actividad en la actividad turística, como propietario del hotel Perkin Lenca, observo a diario la dificultad de comprensión de mis empleados, proveedores y hasta del personal de las instancias gubernamentales que nos visitan.

Hemos desperdiciado esfuerzo y recursos para realizar cursos motivacionales, capacitaciones técnicas y elaborar manuales metodológicos para que a final obtengamos pocos avances por parte de los participantes. En Amún Shéa desde hace mucho tiempo hemos venido comentado la necesidad de enseñar con el ejemplo, porque era evidente la dificultad existente para trasladar nuevas técnicas y procedimientos por medios escritos y orales. Resulta que eso tampoco resuelve el problema dado que solo provee otro modelo para imitar.

Los cambios en conocimiento y procesos han alcanzado una velocidad sin precedente. Ya no hay tiempo para imitar. Toda copia, muy pronto, se vuelve desfasada. Decirlo puede sonar extremista, pero ya no hay acumulación de conocimiento ni de procesos válidos. ¿Y entonces, donde quedan los sistemas educativos?

Sin importar la edad o el puesto que se ocupe en la sociedad, el futuro dependerá de la capacidad individual de comprensión, no solo para el éxito, sino para sostener un nivel mínimo de bienestar.

El punto de partida es la comprensión. Las instituciones de educación mantendrán su relevancia en la medida que enfoquen en el fomento de la comprensión a tres niveles: oral, escrito y social. Los conceptos de comprensión oral y escrito son muy conocidos y básicos. La comprensión social se refiere a la empatía, la comprensión de condición humana en las demás personas.

Los que estamos equipados con la comprensión tendremos todo el conocimiento a nuestra disposición. No existe barrera capaz de frenarnos.

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