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Educación, pobreza y estatus quo

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Llegar a distinguirse como la zona más pobre del país, tanto a nivel económico como en lo académico, no es tarea fácil. Lleva años, incluso décadas, muchos pasos progresivos para lograrlo y aún más trabajo para mantenerlo. Se manifiesta en actitudes, en conformismo y una paradójica combinación de resentimiento y resignación. Se expresa en el estatus quo y lejos de motivar la búsqueda de alternativas de salida de la pobreza, se induce una fuerte resistencia a cambio. En un mundo de incerteza y temor, el saber tu puesto y rol provee un sentido de seguridad, aún y cuando tu puesto se encuentra en el último lugar. Éste es la situación actual en el norte de Morazán, en el nor-oriente de El Salvador.

La división de los roles y la plena aceptación de ellos entre todos los actores son factores determinantes en mantener el estatus quo. La automatización de los procesos sociales resulta en la aceptación de ser siempre la “población beneficiario” para los organismos de la Industria de la Pobreza y de un entendimiento tácito en cuanto el reparto o distribución de esta cooperación.

La intromisión de elementos, instituciones o conceptos ajenos del “entendimiento” es causa de gran preocupación. Peor aún son los que apuntan a efectuar cambios estructurales que podrían modificar la percepción o imagen de “pobres, víctimas y dignas.”

En 2008, iniciamos el Centro de Desarrollo Integral, Amún Shéa, como un sistema educativo diseñado para responder a las necesidades socioeconómicas de la zona. Como esperado, el programa inmediatamente se llamó la atención, tanto de padres y madres quienes lo vieron como una opción viable para mejorar el futuro de sus hijos, como de algunos que lo vieron con desconfianza, con temor que vendría a complicar el estatus quo. Como expresó un miembro de consejo municipal local, “la capacidad de gestión de este proyecto va a absorber un porcentaje desproporcional de la ayuda internacional designada a la zona.”

Metodología nueva que no contiene “los básicos” de la educación tradicional es rechazada automáticamente, aunque se acepta que el sistema actual de educación en Morazán es un fracaso. Es cierto que incluso los padres y madres que apoyan el programa tienen dificultad midiendo el progreso de su hijo o hija por medio de estándares tradicionales, hasta que aprendan nuevas sistemas de evaluación. La experiencia demuestra que nuestro programa funciona, que es efectivo y que cuenta con resultados positivos tangibles. La asimilación de la comunidad, mas sin embargo, es un proceso retrasado por el estatus quo.

El punto es, para que un programa educativo o cualquier otro programa sea exitoso en crear cambios reales; primero debe superar la inercia del estatus quo que permea los estratos sociales, incluso a los que aparentemente apoyan el cambio y la erradicación de la pobreza.

Education, Poverty and Status Quo

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Gaining distinction as the poorest area in the country, both in economic terms and academic achievement, is not an easy task. It takes years, even decades and many progressive steps to achieve it, and even more work to maintain it. It is manifested in attitudes, in conformity and a paradoxical combination of resentment and resignation. It is expressed in the status quo and far from motivating the search for alternatives out of poverty; it actually induces a strong resistance to change. In an uncertain, fearful world knowing your place and your role provides a sense of security, even when that place is last place. This is the current situation in northern Morazán, in north-east El Salvador.

The division of roles and full acceptance of them among all players is the determining factor in maintaining status quo. The automation of social processes results in the acceptance of always being the “beneficiary population” for entities of the Poverty Industry and a tacit understanding with regard to the distribution of the provided resources.

The intromission of elements, institutions or concepts foreign to the “understanding” is cause for great concern. Worse yet are those that focus on developing structural changes which could modify the perception or image of the “poor and dignified victims.”

In 2008 we started Amún Shéa, Center for Integrated Development, as an alternative educational system designed to address the socioeconomic needs of the area. As expected, the program immediately drew attention to itself, both from parents seeing it as a viable option for bettering their children’s future and by those who looked at it warily, fearing that it would disrupt the status quo. As one local council member expressed, “the fundraising capacity of this project, will absorb a disproportionate share of international cooperation designated for the area.”

New methodology which does not contain “the basics” of traditional education is automatically rejected, although it is generally accepted that the current educational system in Morazán is a failure. Even parents supportive of the program have difficulty measuring their child´s progress by traditional standards, until they learn new systems of evaluation. Experience shows that our program works, is effective and has tangible positive results. Assimilation within the community, nevertheless, is a process delayed by status quo.

The point is, for an educational program or any other program to be successful in creating real change; it must first overcome the inertia of status quo which permeates social strati, including those seemingly supportive of change and poverty eradication.

De la Realidad hacía lo Ideal

Boy with Pipe banner 44Es muy fácil clavarnos en un debate sin fin sobre la educación, si no nos ubicamos primero referente al ángulo o punto de vista representado. La brecha entre la realidad, más bien entre las variadas realidades según circunstancias y ubicación, y lo ideal se duplica muchas veces en la discusión.

Como me dijo un amigo, Menno, hace ya unos veinticinco años atrás, “todo plan es perfecto sobre papel; el problema es que depende del hombre para implementarlo.” Coincido totalmente con Menno, en que todos los proyectos y reformas educativos son perfectos, hasta son ideales, pero hasta el momento de su aplicación. He aquí la razón del enfoque e importancia que da el PNUD y otras instancias sobre el desarrollo humano, ya que es el elemento que determina el éxito o fracaso operativo de todo plan.

Si aceptamos la realidad de una brecha entre el programa educativo nacional y su aplicación, y si evaluamos que, lejos de mejorar, tiene una tendencia marcada de espiral descendente, entonces el debate debería centrar en las medidas a tomar para revertir el proceso hacia lo positivo.

Tenemos que aceptar además que todo programa nacional es centro-céntrico, valga la redundancia, y que las condiciones del centro difieren mucho del periférico. Así “las medidas a tomar” en toda probabilidad son reflejo de cada realidad actual, aunque tengamos un ideal o norte en común para guiarnos.

La ley de desarrollo desigual nos indica que entre más atrasada, más posibilidad de un salto de calidad, ya que difícilmente se abandona inversión de infraestructura y procesos que están todavía funcionando aún a medias. Donde tal inversión no existe y no hay necesidad de deshacer para construir, la acción de cambio tiene mayor libertad y menos ataduras.

Propongo que el norte de Morazán se encuentra en una posición de ventaja para poder realizar cambios radicales y tomar las medidas de corrección necesarias en materia educativa, ya que se encuentra firmemente en el último lugar de rendimiento académico y el primer lugar en la pobreza de la nación. Continuidad solo garantiza continuidad.

La opción de esperar que las reformas nuevas y los directrices operacionales filtran del centro hacía la periferia no es viable. Así como está la situación, cada región o realidad tendrá que proponerse a realizar los cambios necesarios para sacudir al fondo la inercia de un sistema estancado.

Mas sin embargo, estando en el piso sin más salida que para arriba, fácilmente se puede caer en un nivel de activismo o maquearismo que aparenta mejora en el corto plazo pero que carece de bases fundamentales sobre lo cual se puede continuar construyendo. Eso es el gran reto actual; hacer los cambios necesarios, radicales incluso, sin despegar de los cimientos fundamentales de la educación. Pues, es fácil hacer olas en un charco pacho.

Previo al debate de fondo sobre la educación viene el estire y coge de quien o que instancia es la que puede determinar cuáles son los fundamentos intocables académicos. ¿Quién es el dueño del circo? …..y ¿por qué?

Algunas preguntas para la discusión:

1. ¿Es un docente con escalafón la mejor opción para las responsabilidades de director, o estos se resuelvan mejor otro profesional?

2. ¿Con un profesional no-docente como director, podría haber otro nivel de aplicación de las reformas educativas?

3. ¿Se obtiene conocimiento con teoría o es necesario aplicación? ¿y si es posible enseñar un conocimiento no aplicado?

4. ¿Es el docente la única vía y realmente insustituible en la obtención de la educación?

5. ¿Podríamos diversificar el “programa” educativo, creando opciones de vías de aprendizaje en concordancia con los intereses, capacidades y expectativas de los “clientes?” ¿No llevan todos los caminos a Roma?

6. ¿Cómo se organice un programa “nacional” que no es marcado por centro y periférica?

7. ¿Cuál es el producto que buscamos con la educación, el tigre o el perico?